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Artículo 30 · Ejecutar la estrategia

El problema está al costado (le preguntaron a casi ocho mil gerentes dónde se rompe la ejecución, y no es donde todos aprietan)

Cuando la ejecución se frena, la reacción es siempre la misma: más objetivos bajados, más tablero, más reuniones de seguimiento. Se midió dónde se rompe de verdad, y el resultado es incómodo: el eje que todo el mundo aprieta es el que está sano. El que falla es el otro, el que no dibuja ningún organigrama y no mide ningún tablero: el que cruza de un área a otra. Esta nota cuenta qué se midió, por qué el remedio habitual empeora el problema y qué hoja completar el martes para que el compromiso entre áreas exista.

Por 32sur · Diciembre 2026 · Lectura: 12 minutos · Serie «Ejecutar la estrategia», Parte 1 de 2

Nadie incumplió nada

Nueve y cuarenta de un martes. Comité de dirección de una fábrica de envases de seiscientas personas, con planta en Campana. En la pantalla, los ocho tableros del mes: los ocho en verde. Sobre la mesa, impreso, el estado del proyecto que iba a sostener casi un tercio del crecimiento del año. Cuatro meses tarde.

—¿Alguien no cumplió? —pregunta el presidente.

Nadie levanta la mano, y nadie miente. Comercial cumplió su objetivo. Supply cumplió el suyo. Sistemas cumplió el suyo. Lo único que no se cumplió fue el compromiso que ninguno de los tres tenía escrito: el que tenían entre sí.

Hay unos segundos de silencio. Después el director de operaciones dice la frase que se dice siempre en ese silencio:

—Hay que bajar mejor los objetivos.

Nadie objeta. Se acuerda un tablero con más apertura y una reunión de seguimiento cada quince días. El comité termina cuatro minutos antes de lo previsto, que es la única señal de que todos se fueron tranquilos.

(La escena es una reconstrucción compuesta. De acá en adelante, todo lo que lleva número está medido y tiene fuente.)

El reflejo de esa sala no es de esa sala: es de todas. Cuando la ejecución se frena, se aprieta la cascada. Más objetivos bajados, más apertura en el tablero, más reuniones de seguimiento, y si hace falta un comité que revise el avance de los comités.

El mito no es "hay que alinear". Alinear hay que alinear. El mito es más chico y bastante más caro: la idea de que ejecutar es alinear, y de que entonces todo problema de ejecución se arregla apretando la línea que va de arriba hacia abajo. Esa línea existe, se puede medir, y hay una encuesta grande que la midió. El problema es que salió sana.

El eje que sí funciona

La cascada tiene una virtud que casi nunca se le reconoce: se puede medir. Y está medida.

En marzo de 2015, tres investigadores publicaron en Harvard Business Review una encuesta que no preguntaba por opiniones sobre la estrategia, sino por algo mucho más terrenal: si el otro cumple lo que promete. La contestaron gerentes de empresas grandes de todo el mundo, y no se quedó en el piso de dirección: bajó hasta el supervisor de primera línea.

Empecemos por el eje que el comité de Campana decidió apretar. El 84% de los gerentes dice que puede confiar en que su jefe cumpla lo que promete, todo o casi todo el tiempo. El mismo 84% dice exactamente lo mismo de sus reportes directos.

Hay que decirlo sin atenuantes, porque todo lo que sigue se apoya en esto. La cascada de objetivos funciona. El tablero funciona. Un año de trabajo poniendo metas claras y bajándolas bien no fue tiempo perdido, y esta nota no viene a discutir eso.

Ya escribimos sobre la estructura que queda chica cuando la empresa crece: ése es el eje vertical, el del organigrama. Éste es el otro, el que el mismo crecimiento rompe primero y que ningún rediseño arregla.

En la empresa de dueño hay un agravante silencioso: el mecanismo de coordinación entre áreas es el dueño. Funciona notablemente bien mientras las conversaciones entre áreas le entren al dueño en la cabeza, y empieza a fallar cuando ya no le entran. Falla sin aviso, además, porque es el único mecanismo de la empresa que no deja registro de nada.

Arriba y abajo, entonces, la palabra se cumple. Falta preguntar de costado.

De dónde sale este dato. La encuesta es de 2015 y la firman Donald Sull, Rebecca Homkes y Charles Sull en Harvard Business Review. Contestaron 7.600 gerentes de 262 empresas de treinta industrias, con más del 95% completando un cuestionario de cuarenta minutos. Son empresas grandes: 6.000 empleados en promedio y ventas medianas de 430 millones de dólares. Ninguna de las mediciones de esta nota desagrega la Argentina, pero un tercio de esta muestra está radicado en mercados emergentes: no hay que extrapolar desde Estados Unidos, porque ya incluye empresas del tamaño y del contexto del lector. Un dato que esta nota no usa: el artículo abre afirmando que entre dos tercios y tres cuartos de las grandes organizaciones batalla para implementar su estrategia, y esa frase no tiene ningún estudio detrás. Sería la cita más cómoda de todas.

Un lector con cuarenta empleados puede cerrar acá con razón: ésas no son sus empresas. Pero el mecanismo que se mide no es de tamaño, es de cantidad de cruces. Una empresa de 6.000 personas rompe el eje de costado con veinte áreas; una de cuarenta lo rompe con tres, y lo rompe antes, porque no tiene ni el comité interfuncional ni la oficina de proyectos que la grande al menos compró. Lo que sigue no dice cómo fallan las empresas grandes: dice cómo falla la coordinación cuando el que coordinaba ya no llega.

No más confiable que un proveedor

A los mismos gerentes se les hizo la misma pregunta girada noventa grados: si pueden confiar en que sus colegas de otras áreas y otras unidades cumplan lo que prometen. Ahí la respuesta cae al 56%.

Ese número solo no dice gran cosa. Lo incómodo es con qué se lo compara dentro de la misma encuesta: también se preguntó por los socios de otras empresas —proveedores, distribuidores, contratistas, gente que factura desde afuera—, y esa confianza quedó en 59%. El gerente de al lado, que cobra del mismo sueldo y comparte el logo de la tarjeta, quedó tres puntos por debajo del de afuera. Con percepción declarada, tres puntos son un empate, y el empate ya es el hallazgo: compartir el logo no compra ninguna ventaja.

Hay una consecuencia declarada que va en la misma dirección: los gerentes se dicen tres veces más propensos a incumplir un compromiso por falta de apoyo de otra área que por una falla de su propio equipo.

La objeción salta sola, y conviene decirla antes de que la diga su comité: es la misma gente opinando sobre sí misma, y nadie contesta que el flojo es su propio equipo. Es cierto, y por eso el peso no está en la culpa declarada sino en la comparación. Los mismos gerentes, con el mismo sesgo a favor, calificaron alto a su jefe y a sus reportes: el sesgo no explica por qué el costado quedó abajo.

Y cuando el problema aparece, tampoco se resuelve donde nació. De cada tres conflictos entre áreas, dos se manejan mal: la mayoría se destraba tarde y caro, y el resto se cierra rápido y mal o queda pudriéndose hasta que alguien se cansa.

Ése es el eje de costado, el que no aparece en ninguna línea del organigrama. En la filial argentina de una multinacional cruza además un huso horario, una moneda y dos jefes antes de llegar a destino, y sigue sin tener dueño en ningún lado.

Los cuatro valores de la misma pregunta, dibujados sobre los dos ejes:

El eje que todos aprietan es el que ya funciona % de gerentes que dice poder confiar en que el otro cumpla lo que promete — todo o casi todo el tiempo. Los cuatro valores son la misma pregunta, en el mismo peldaño de la escala. SU JEFE 84% SUS REPORTES DIRECTOS 84% SANO EL EJE DE LA CASCADA objetivos bajados, tablero, reuniones de seguimiento COLEGAS DE OTRAS ÁREAS 56% de adentro de la empresa SOCIOS DE OTRAS EMPRESAS 59% de afuera de la empresa ROTO BORDE DE LA EMPRESA USTED el colega de adentro no le gana al proveedor de afuera EL EJE QUE NO DIBUJA EL ORGANIGRAMA — el compromiso entre áreas Sull, D., Homkes, R. y Sull, C., Why Strategy Execution Unravels—and What to Do About It, Harvard Business Review, 93(3), marzo de 2015, gráfico Where Execution Breaks Down (ref. 1). 7.600 gerentes de 262 empresas de 30 industrias, un tercio en mercados emergentes. La pregunta tenía un peldaño más exigente —poder confiar siempre—: ahí el eje de costado cae a 9% y el estudio no publica el valor vertical de ese peldaño, así que los dos peldaños no se comparan entre sí.
Figura 1 — Arriba y abajo la palabra se cumple. De costado, ni eso. Los cuatro valores salen de la misma pregunta y del mismo peldaño de la escala. El colega de adentro quedó tres puntos por debajo del socio de afuera: con percepción declarada eso es un empate, y el empate ya es el hallazgo. Fuente: Sull, Homkes y Sull, Harvard Business Review, 93(3), 2015, gráfico "Where Execution Breaks Down" (ref. 1).

Si el eje roto está tan a la vista, la pregunta que queda es por qué el comité del martes aprieta el otro.

La trampa del alineamiento

La respuesta viene de los propios encuestados, y juega en contra de la tesis de esta nota. Cuando se les preguntó cuál es el mayor desafío para ejecutar, el 40% contestó falta de alineación; la falta de coordinación entre áreas quedó segunda, con el 30%. Los protagonistas nombran primero, y por diez puntos, el eje que ya funciona. El reflejo del comité tiene entonces una explicación bastante más digna que la pereza: es la respuesta que da la organización cuando se le pregunta.

Y tiene además un blindaje que nadie discute: todo el mundo llega a la reunión sabiendo que la mayoría de las estrategias fracasa por mala ejecución. Ese saber es el 70%, y el 70% no tiene estudio detrás: sale de una nota de revista de 1999 cuyos autores aclararon que lo estimaban, y que después perdió la palabra "estimamos" viajando de cita en cita. La cadena entera está en las referencias 3, 4 y 5, y acá ya desarmamos el 70% de los cambios que fracasan. Lo que importa para esta nota es una sola cosa: un número sin origen no miente, simplemente no dice dónde se rompe, y en ese hueco cada organización mete el reflejo que ya tenía.

El problema es lo que pasa después, y el orden se repite. La ejecución se frena. La dirección aprieta la alineación: más métricas, más apertura, más reuniones de seguimiento. Ese apretón deriva, sin que nadie lo decida, en microgestión, y la microgestión ahoga exactamente las dos cosas que no se piden por tablero: probar algo distinto y levantar el teléfono para hablar con el par de la otra área. Con menos de esas dos, la coordinación de costado empeora y la ejecución se frena más. Como nadie entiende por qué sigue fallando, se vuelve a apretar.

Los autores le pusieron nombre a esa vuelta que se muerde la cola: la trampa del alineamiento, una espiral en la que más alineación produce peores resultados. Un gerente demasiado concentrado en alinear termina, según sus palabras, "refinando cada vez más la respuesta a la pregunta equivocada". Con una salvedad: la espiral es el mecanismo que ellos describen, no una secuencia que la encuesta haya seguido en el tiempo; lo que mide son estados, no vueltas.

La vuelta completa, estación por estación:

Cada vuelta de tuerca en la cascada le saca coordinación al costado La espiral que los autores llaman la trampa del alineamiento: más alineación, peores resultados. Esquema del mecanismo, sin cifras. La encuesta mide estados, no vueltas de la espiral. LA TRAMPA DEL ALINEAMIENTO el remedio y la enfermedad se parecen tanto que nadie los separa y se frena más +1 VUELTA 1 · LA EJECUCIÓN SE FRENA Una entrega llega tarde y nadie incumplió su objetivo. 2 · SE APRIETA LA ALINEACIÓN Más métricas, más apertura en el tablero, más reuniones de seguimiento. 3 · APARECE LA MICROGESTIÓN Se ahogan las dos cosas que no se piden por tablero: probar algo distinto y hablar con el par de la otra área. 4 · CAE LA COORDINACIÓN DE COSTADO El compromiso entre áreas, que no estaba escrito, ahora tampoco se conversa. LO QUE LA ESPIRAL NUNCA TOCA El compromiso entre áreas: no está en el organigrama, no está en el tablero, y no tiene dueño. Mecanismo descrito por Sull, Homkes y Sull, Harvard Business Review, 93(3), 2015 (ref. 1), que lo llaman the alignment trap. No es una secuencia medida: la encuesta mide estados, no las vueltas de la espiral. Por eso la figura no lleva cifras.
Figura 2 — El reflejo no es un error de criterio: es lo único que el tablero sabe hacer. Cada vuelta de tuerca en la cascada le saca coordinación al costado, y como la ejecución sigue frenada, se vuelve a apretar. Fuente: mecanismo descrito por Sull, Homkes y Sull, Harvard Business Review, 93(3), 2015 (ref. 1), que lo llaman the alignment trap; no es una secuencia medida.

Si el remedio empeora la enfermedad, lo útil no es apretar mejor: es escribir lo único que la espiral nunca toca. Y eso no cuesta un sistema nuevo. Cuesta una hoja.

El compromiso que nadie escribió

Distinguir un eje del otro no exige un diagnóstico: exige mirar tres cosas que pasan un martes cualquiera. Las entregas llegan tarde sin que nadie haya incumplido un objetivo propio. Los conflictos entre áreas escalan al comité en vez de resolverse entre pares. Y hay al menos un comité de coordinación que se podría suspender un mes sin que nadie lo extrañe.

Contra la objeción que aparece siempre acá —que lo último que la empresa necesita es más burocracia— hay un dato que la da vuelta: más de la mitad de los gerentes pide más estructura para coordinar entre áreas, el doble de los que la piden para la dirección por objetivos. La demanda ya existe, y viene de abajo.

Y hay otro dato que corrige la lectura fácil del primero. Más del 80% de las empresas ya tiene al menos un sistema formal para coordinar entre áreas —un comité interfuncional, acuerdos de servicio, una oficina de proyectos— y sólo el 20% de los gerentes cree que ese sistema funciona bien. El mecanismo ya está comprado; lo que le falta son dientes.

Acá el contexto local no es un adorno, y es la recomendación más concreta de toda la nota. En una economía estable, un acuerdo de pasillo entre Comercial y Supply sobrevive unos meses por inercia; acá se evapora la semana que se mueve el tipo de cambio, y ni siquiera queda registrado como incumplimiento, porque nunca llegó a ser un compromiso. Con un proveedor externo eso no se discute: hay una orden, una fecha y una consecuencia. Por eso, en contextos volátiles, el compromiso entre áreas tiene que estar escrito con la misma formalidad que el objetivo bajado del plan. No agrega burocracia: compensa la memoria que el contexto se lleva puesta.

Qué campos tiene que tener ese compromiso para existir de verdad:

Un compromiso entre áreas que no tiene estos cuatro campos es una conversación Los cuatro campos que hacen que un compromiso de costado exista fuera de la cabeza de dos personas. Ficha 32sur: se completa en una hora, entre las dos personas que estaban en las puntas. CAMPO QUÉ DICE POR QUÉ 1 · QUIÉN LE DEBE QUÉ A QUIÉN Dos nombres propios, no dos áreas. Un área no atiende el teléfono un viernes a las seis. 2 · QUÉ, CON FECHA El entregable en la unidad de medida del que lo recibe, no la del que lo produce. "Stock disponible" y "orden liberada" no son la misma cosa, y ahí se pierde el mes. 3 · QUÉ DECIDE EL QUE RECIBE SI NO LLEGA La decisión que puede tomar sin pedir permiso, y a quién avisa. Sin esto, el único mecanismo de coordinación que queda es escalar al comité. 4 · CUÁNDO SE REVISA Fecha, y quién convoca. Un compromiso sin fecha de revisión es una intención con testigos. UNA FICHA EMPEZADA Compromiso: la campaña de octubre necesita el material en depósito el 15 de septiembre. Las dos puntas: Vanina (Comercial) y Alejandro (Supply). Unidad del que recibe: pallets en depósito de Campana, no órdenes de compra emitidas. Si no llega el 15: Vanina corre la campaña dos semanas y lo comunica el mismo día, sin pasar por el comité. Revisión: todos los martes, cinco minutos, la convoca Alejandro. LO QUE ESTA HOJA REEMPLAZA El comité interfuncional que informa y no decide · el acuerdo de servicio que nadie volvió a abrir · el escalamiento al comité de dirección como mecanismo de coordinación. Esquema 32sur, construido sobre el hallazgo de Sull, Homkes y Sull, Harvard Business Review, 93(3), 2015 (ref. 1): el sistema formal para gestionar compromisos entre áreas ya está comprado en la enorme mayoría de las empresas, y casi nadie cree que funcione. El mecanismo está; los dientes no.
Figura 3 — Una hoja, dos nombres y una fecha. Es más barato que el comité que ya tiene. Los cuatro campos son lo mínimo para que un compromiso de costado exista fuera de la cabeza de dos personas. Esquema 32sur, construido sobre el hallazgo de Sull, Homkes y Sull, Harvard Business Review, 93(3), 2015 (ref. 1).

Queda la objeción del que todavía no se convenció, y es legítima: apretar la alineación, al menos, no hace daño. Eso también está medido, y no lo midió la misma gente.

Lo que sale alinear algo que todavía no funciona

En 2007, ocho años antes de esa encuesta y sobre otra muestra global, cuatro consultores publicaron en MIT Sloan Management Review un estudio sobre más de 500 ejecutivos de negocio y de tecnología. Con dos preguntas armaron una grilla: qué tan alineada estaba el área de sistemas con la estrategia, y qué tan bien funcionaba esa área.

El cuadrante que da nombre a todo es el de las muy alineadas y poco efectivas: una de cada nueve. Alinear un área que todavía no funciona les salió caro dos veces, por lo que gastaron de más y por lo que dejaron de crecer. Y la grilla entera muestra algo peor: cuánto las separa del cuadrante de enfrente, el de las que se ocuparon primero de que el área funcionara.

El mismo trabajo, en dos órdenes distintos:

13% másgastó, y creció 14% menos que el promedio en tres años, la empresa que alineó primero sin que el área funcionara. Una de cada nueve de la muestra
15% menosgastó, y creció 11% más que el promedio, la que se ocupó primero de que el área funcionara y alineó después
35% máscreció el 7% que logró las dos cosas en ese orden: primero que funcione, después alinear

Fuente: Shpilberg, Berez, Puryear y Shah, MIT Sloan Management Review, 49(1), 2007 (ref. 2); mismo estudio, mismos tres años, cuatro cuadrantes. Es un estudio de tecnología, con la ubicación en el cuadrante declarada por el propio encuestado y de naturaleza correlacional: funciona como espejo verificado, no como prueba del caso general. El orden no es un detalle de implementación: es la distancia entre crecer por encima del promedio y crecer por debajo.

La frase queda clavada igual. Alinear no es gratis: alinear antes de que la capacidad funcione es la manera más cara de alinear. Dos investigaciones separadas por ocho años, por dos revistas y por dos objetos de estudio terminaron describiendo la misma trampa, y lo que no se explica solo es por qué el reflejo que las dos desmienten nunca se discutió en ninguna sala.

Las creencias que sostienen el reflejo

El mismo trabajo lista cinco creencias sobre ejecutar y las confronta, una por una, con lo que contestaron los encuestados. Ninguna es un descuido: las cinco son lo que enseña el oficio. Dos —que comunicar es entender, y que la ejecución se conduce desde arriba— se apoyan en datos que esta nota no usa, y quedan afuera. Las otras tres explican la sala de Campana:

Lo que casi todos creemosLo que salió medido
1. Ejecutar es alinear. Si cada área tiene su objetivo bajado del plan, la suma es la estrategia.La suma no da: los tres cumplieron y la entrega llegó tarde. Lo que faltó no fue un objetivo mal bajado; fue una fila que ningún tablero tiene: quién le debe qué a quién, y para cuándo.
2. Ejecutar es cumplir el plan. Desviarse es indisciplina.Ejecutar es mover recursos cuando el terreno cambia: sacarle plata a lo que ya no rinde y ponerla donde apareció la oportunidad. Y eso no se decide en el plan, se decide en el presupuesto — que es donde arranca la Parte 2.
3. Con una cultura de desempeño alcanza. Si se premia el resultado, la colaboración viene sola.Al promover, el desempeño pasado pesa dos o tres veces más que el historial de colaboración. Y frente al gerente que cumple sus números sin colaborar, sólo uno de cada cinco cree que en su empresa se lo corregiría a tiempo.

Las tres se aprenden en el oficio. Sólo una se arregla con una hoja y dos nombres. Fuente: Sull, Homkes y Sull, Harvard Business Review, 93(3), 2015 (ref. 1).

La tercera explica por qué el eje de costado sigue roto después de años de saberlo: el sistema hace con precisión lo que se le pidió, que es mirar el número propio. Entonces el compromiso ajeno es lo primero que se suelta cuando hay que soltar algo, y se suelta sin costo. Si quiere saber si su empresa está en esa fila, no hace falta una encuesta: en su última tanda de promociones, ¿cuánto pesó el historial de colaboración frente al número propio?

Preguntas para el lunes

Empiece por la única que no es una pregunta. Si para empezar hay que montar un sistema, no empieza nadie.

Una hoja el martes, y tres preguntas que se contestan de memoria

  1. Tome la última entrega que llegó tarde sin que nadie incumpliera un objetivo propio, siente en una sala a las dos personas que estaban en las puntas y completen los cuatro campos de la ficha. Antes de salir, pongan la fecha de la próxima revisión. Eso es todo el método: una hora, dos nombres y una hoja.

Las tres que siguen se contestan hoy, de memoria y sin abrir nada.

  1. De las últimas tres entregas que llegaron tarde, ¿en cuántas hubo alguien que incumplió un objetivo propio? Si la respuesta es ninguna, su problema no está en la cascada.
  2. Nombre el último conflicto entre dos áreas que se resolvió sin llegar hasta usted. Si en un minuto no le viene ninguno, ya tiene el dato.
  3. ¿Cuál de sus comités de coordinación podría suspenderse un mes sin que nadie lo extrañe? Ése es el que no tiene dientes.

El comité de Campana acordó un tablero con más apertura y una reunión cada quince días. Las dos cosas van a funcionar, y ése es exactamente el problema: refuerzan el eje que ya se cumplía. En el próximo comité los ocho tableros van a estar en verde otra vez, con más filas.

La frase del director de operaciones —hay que bajar mejor los objetivos— no es falsa. Es precisa: describe con exactitud el trabajo del eje que ya está sano. Lo que nadie dijo esa mañana es que entre Comercial y Supply había un compromiso con fecha, y que esa fecha estaba en la cabeza de dos personas y en ningún otro lado. Cuando se movió el tipo de cambio, se evaporó sin dejar rastro. No figura como incumplimiento porque nunca llegó a ser un compromiso.

Queda una pregunta más incómoda. Si el eje roto es el de costado, y el tablero refuerza el otro, ¿dónde vive de verdad la estrategia de una empresa?

No en el plan a tres años, ni en el offsite, ni en el slide que se aprobó en diciembre. Vive en el presupuesto: en qué unidad recibe la plata y cuál tiene que devolverla. La Parte 2 abre ese archivo y empieza por el dato que ordena todo lo demás: el mejor predictor de su presupuesto de este año no es su estrategia. Es su presupuesto del año pasado.

¿Dónde están escritos los compromisos de costado de sus tres prioridades del año?

A los noventa días su empresa puede tener una hoja que hoy casi ninguna tiene: los compromisos de costado de sus tres prioridades del año, con nombre y apellido de las dos puntas, fecha, la unidad de medida del que recibe y qué decide él si el otro no llega. No empieza con un comité nuevo ni con un tablero nuevo. Empieza con una hora, dos personas y la última entrega que llegó tarde sin que nadie incumpliera su objetivo. Si en su último comité los tableros estaban en verde y el proyecto seguía atrasado, conversemos.

Conversemos

Referencias

  1. Sull, D., Homkes, R. y Sull, C., "Why Strategy Execution Unravels—and What to Do About It", Harvard Business Review, 93(3), marzo de 2015, pp. 57-66 (reprint R1503C) — la columna de este artículo. Encuesta desarrollada cinco años antes y administrada a 7.600 gerentes de 262 empresas de 30 industrias; empresas grandes (6.000 empleados en promedio, ventas medianas de USD 430 millones), unos 30 respondentes por empresa, más del 95% de finalización y 40 minutos promedio; composición: alta dirección 13%, sus reportes directos 28%, otros mandos medios 25%, supervisores de primera línea 20%, expertos técnicos y otros 14%. Un tercio de las empresas de la muestra está radicado en mercados emergentes. Del gráfico "Where Execution Breaks Down", porcentaje que dice poder confiar en que el otro cumpla lo prometido todo o casi todo el tiempo: jefe 84%, reportes directos 84%, socios externos 59%, colegas de otras áreas y unidades 56%; en el peldaño superior de la misma pregunta —siempre— la confianza entre áreas cae a 9%, y el estudio no publica el valor vertical de ese peldaño. Manejo de conflictos entre áreas: 38% se resuelve tras una demora significativa, 14% rápido pero mal y 12% queda sin resolver. Mayor desafío para ejecutar: 40% falta de alineación, 30% falta de coordinación entre áreas. Los gerentes se declaran tres veces más propensos a incumplir por falta de apoyo de otras unidades que por fallas de su propio equipo. Más del 80% de las empresas tiene al menos un sistema formal para gestionar compromisos entre silos y sólo el 20% de los gerentes cree que funciona bien; más de la mitad pide más estructura para coordinar entre áreas, el doble de los que la piden para la dirección por objetivos. Cultura: el desempeño pasado pesa dos o tres veces más que el historial de colaboración al promover, y frente a un gerente que cumple sus números sin colaborar, 20% cree que se lo corregiría pronto, 60% tarde o de forma inconsistente y 20% que se lo toleraría. Los cinco mitos que el artículo desarma, con sus títulos exactos, son: la ejecución es alineación; ejecutar es apegarse al plan; comunicar es entender; una cultura de desempeño impulsa la ejecución; y la ejecución debe conducirse desde arriba. Una precisión que esta nota respeta: la afirmación de apertura del artículo —que entre dos tercios y tres cuartos de las grandes organizaciones batalla para implementar su estrategia— no lleva cita de ningún estudio, y por eso no se usa acá.
  2. Shpilberg, D., Berez, S., Puryear, R. y Shah, S., "Avoiding the Alignment Trap in IT", MIT Sloan Management Review, 49(1), otoño de 2007, pp. 51-58 — el espejo empírico de este artículo. Más de 500 ejecutivos de negocio y tecnología de todo el mundo, más 30 entrevistas a directores de sistemas, ordenados en cuatro cuadrantes según alineación con el negocio y efectividad del área. La "trampa de la alineación" —11% de las empresas, muy alineadas y poco efectivas— gastó 13% más que el promedio y creció 14% menos en tres años. Las que priorizaron efectividad antes que alineación gastaron 15% menos y crecieron 11% por encima del promedio; las que lograron ambas cosas (7%) crecieron 35% por encima gastando 6% menos; sólo el 15% del total quedó del lado altamente efectivo. Caveat: es un estudio específico de tecnología, con ubicación en el cuadrante declarada por el propio encuestado y de naturaleza correlacional; se usa como analogía verificada, no como prueba del caso general. El artículo original es pago; las cifras citadas están publicadas textualmente en el sitio de Bain & Company, la firma de los autores.
  3. Kaplan, R. S. y Norton, D. P., "Creating the Office of Strategy Management", Harvard Business School Working Paper 05-071, abril de 2005 — el eslabón central de la cadena de custodia. El documento abre afirmando que diversas fuentes han reportado tasas de fracaso de implementación de entre 60 y 90 por ciento, y esa oración no lleva ninguna cita. La única nota al pie de ese párrafo remite a Zook, C. y Allen, J., Profit from the Core (Harvard Business School Press, 2001), un estudio de Bain sobre grandes empresas de ocho países industrializados según el cual siete de cada ocho no lograron crecimiento rentable sostenido entre 1988 y 1998 —definido como 5,5% de crecimiento real anual en ingresos y ganancias con retornos superiores al costo de capital—, que no es lo mismo que ejecutar una estrategia. En ese mismo documento, las cuatro barreras que suelen citarse en presentaciones sobre estrategia —67% de las áreas de recursos humanos y sistemas no alineadas; 60% de las organizaciones sin vínculo entre presupuesto y prioridades estratégicas; 70% de los mandos medios y más del 90% del personal de primera línea sin compensación variable atada a la implementación; 85% de los equipos de liderazgo con menos de una hora por mes dedicada a la estrategia y 50% con cero; 95% de los empleados que declara no conocer o no entender la estrategia— aparecen todas sin referencia alguna. Esta nota las cita únicamente como ejemplo de esa ausencia: ninguna de ellas se usa como dato.
  4. Charan, R. y Colvin, G., "Why CEOs Fail", Fortune, 21 de junio de 1999 — la parada que la literatura posterior convirtió en fuente del 70%, aunque no es la primera aparición del número (ver referencia 5). La oración fundacional dice que en la mayoría de los casos —los autores estiman un 70%— el problema real estuvo en la ejecución más que en los grandes errores conceptuales. Según la ficha metodológica reconstruida por Cândido y Santos, la base son varias docenas de caídas de directores ejecutivos observadas a lo largo de décadas por los propios autores en su trabajo como consultor y como periodista de negocios, más entrevistas telefónicas a 38 directores ejecutivos seleccionados por Fortune con método no especificado, y sólo estadística descriptiva. Esta nota no atribuye a la fuente un tamaño de muestra ni un universo de empresas que la fuente no declara. Dos deformaciones ocurrieron después: el 70% describía la causa de fracaso entre los que ya habían fracasado, no la proporción de estrategias que fracasan; y al viajar por la literatura posterior se generalizó, se estiró hasta el 90% y perdió la palabra "estimamos". Declaración de estado: el archivo original de Fortune no pudo consultarse de forma directa; la oración se reconstruye a partir de las fuentes que la reproducen entre comillas, entre ellas Kaplan y Norton (The Strategy-Focused Organization, 2000) y la revisión de la referencia 5. Por eso esta nota no la entrecomilla y atribuye la reconstrucción del origen a esa revisión.
  5. Cândido, C. J. F. y Santos, S. P., "Strategy implementation: What is the failure rate?", Journal of Management & Organization, 21(2), 2015, pp. 237-262 (DOI 10.1017/jmo.2014.77) — la revisión académica que rastrea las estimaciones de fracaso de entre 50% y 90% que circulan en la literatura y concluye que, si bien implementar una nueva estrategia puede ser difícil, la verdadera tasa de fracaso está aún por determinarse, y que la mayoría de las estimaciones publicadas se apoya en evidencia desactualizada, fragmentaria, frágil o directamente ausente. Su inventario registra estimaciones anteriores a la nota de Fortune: entre otras, Kiechel (1982 y 1984) con 90%, Judson (1991), A. T. Kearney (1992) y Prospectus Strategy Consultants (1996) con 70%. Por eso esta nota no presenta 1999 como la primera aparición del número, sino como la parada que la literatura posterior convirtió en su fuente. Revista con revisión de pares; texto completo consultado en el repositorio institucional de la Universidade do Algarve.
  6. Holm, C. G., Kringelum, L. y Anand, A., "Creating effective strategy implementation: a systematic review of managerial and organizational levers", Review of Managerial Science, 2025 (edición impresa 20(2), 2026), DOI 10.1007/s11846-025-00880-3, acceso abierto — el estado del arte. Revisión sistemática de 160 papers. Su introducción sostiene que, aunque la tasa de fracaso del 70 al 90 por ciento de las estrategias puede estar exagerada (citando a Cândido y Santos), la alta tasa de fracaso sigue siendo una situación indeseable; y caracteriza la implementación como una caja negra subinvestigada frente a la formulación.

Cuatro de estas seis fuentes se leyeron íntegras en su versión primaria (1, 3, 5 y 6). La 2 se verificó contra la documentación de la propia firma de los autores, porque el artículo original es pago; y la 4 no pudo leerse en el original, según se declara en su propia entrada. Última verificación: diciembre de 2026.